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32 años cambiando vidas,
transformando comunidades.

Esta es una historia de fe, amor y coraje

Las fuerzas de la OEF han estado siempre en la fe en Dios, en la entrega, la mística y el compromiso que el personal clave de la Institución, ha tenido durante los 32 años de existencia, en que ha promovido la participación de las mujeres, la niñez y el desarrollo de las comunidades. Estos elementos han sido materializados en la cotidianidad de nuestro trabajo y cuando se ha presentado cualquier crisis, entonces han surgido acciones humanas extraordinariamente valiosas. Con certeza puedo asegurar, que cada persona que tiene más de 10 años de antigüedad dentro de la Organización, es alguien con una calidad humana excepcional, que ha sido protagonista de acciones excepcionales.

La OEF nació el 11 de agosto de 1985, como una organización internacional, con 5 empleados salvadoreños -4 mujeres y 1 hombre-, trabajando con 100 familias del departamento de San Vicente y el 0% de sostenibilidad financiera. En aquella época, la guerra era cruda y miles de familias eran desplazadas de sus lugares de origen, en búsqueda de seguridad para su propia vida. La gente salía de sus comunidades entre las balas y bombas, solamente con la ropa que llevaban puesta, allá quedaban sus familiares muertos, sus animalitos domésticos y demás recursos, botados y perdidos. Por lo que, los asentamientos –donde se refugiaba a la población- carecían de todo. Por ello, la necesidad prioritaria y más sentida era alimentos; lo cual facilitaba a otras organizaciones proporcionarles apoyo, pues el mayor trabajo era embolsar las raciones para cada familia y luego, enfilarlas para entregarles su bolsa de productos básicos. Además, del riesgo natural –que en aquel momento había que correr- al trabajar con este tipo de población. Así, había muchas organizaciones apoyando a la población desplazada, la mayoría tenían una definición política clara, lo que determinaba la zona, y la población con la cual trabajaban.

En este contexto, la inserción de la OEF fue planeada por el personal internacional, para trabajar con los diferentes asentamientos de desplazados del departamento de San Vicente. Con este plan, comenzamos a trabajar con 100 familias, organizadas en cinco grupos -3 ubicados en la ciudad de San Vicente, uno en Santo Domingo y el otro, en San Lorenzo-. Vale mencionar, que aunque el trabajo de la mayoría de organizaciones era asistencial -lo que parecía legítimo dado los efectos inmediatos de la guerra-, la OEF se atrevió a trabajar con una visión de desarrollo, promoviendo la participación activa y consciente de la población a la cual acompañábamos, atreviéndonos a estimular a las familias, para que establecieran sus propias empresas. Requerimiento que dado las condiciones y el estado de ánimo de la población en aquel momento, era muy difícil de lograr, ya que cualquier grupo –sólo por reunirse- era sujeto de sospecha y en consecuencia de agresión. Esta estrategia de incentivar hacia el trabajo y el espíritu de empresa, contrastaba con la realidad de depresión y muerte que se respiraba en todo momento y lugar del país. Lo que demandaba de cada miembro del personal, sortear cada día los diferentes riesgos de la guerra en la zona de impacto, desde ser detenido hasta ser acribillado por “confusión”. Ya que era muy difícil hacerles creer a cualquiera de los dos ejércitos, que no teníamos una identificación política partidarista –lo que era una segura razón para ser asesinado o “ajusticiado”- y más todavía, convencerles de que nuestra motivación para trabajar con la gente, era el compromiso de aliviar el dolor de la población y paliar las secuelas de la guerra. Pese a todas las vicisitudes vividas, nadie del equipo de la OEF murió, ni tampoco fue detenido, todos sorteamos muy bien los enfrentamientos en que regularmente nos encontramos, a fuego cruzado, lo que fue una bendición de DIOS, considerando que fueron miles los/as salvadoreños/as que perecieron durante la guerra y que el 99% de la población perdió por lo menos a un pariente.

Durante esa primera etapa (1985–1988), los primeros cooperantes fueron el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la OEF Internacional. En esta etapa, afirmamos nuestro compromiso con las mujeres y niñez, tanto como nos potenciamos en la gestión de recursos; nutriéndonos de la experiencia de nuestra “madre” en el tema de capacitación para adultos de baja escolaridad. Con el apoyo del BID, iniciamos el Programa de Crédito, que actualmente es uno de los pilares de la generación de recursos institucional.

El trabajo empresarial con los grupos, nos obligó como equipo a vernos hacia adentro con la misma visión, “no podíamos dar lo que no teníamos”, experiencia que nos sirvió de base para plantearnos de cara al futuro, en un marco de autogestión y de sostenibilidad técnica y financiera.

La segunda etapa (1989-2000), inicia cuando el equipo decidió organizarse legalmente y convertirse en una organización local, decisión que para la OEF Internacional no fue acatada positivamente, sino más bien la vieron como una insurrección y por lo tanto, nos comunicaron que “no apoyarían este esfuerzo”. Sabíamos lo que esto implicaba, pero con la fuerza interna que genera la fe en Dios, en nosotros mismos y la convicción de querer crear una OEF local, sostenible e independiente, nos lanzamos dando “el todo por el todo”. Esa etapa de transición -que duraría 9 largos meses-, delata los límites a los que puede llegar un equipo humano auténticamente convencido, ya que durante ese período ninguno de los miembros percibió salario, pero todos trabajábamos más de 12 horas al día y en medio de la incertidumbre, seguíamos creyendo en ese sueño que nos habíamos propuesto con sinceridad y firmeza. Es claro, que en este período afloró, que unos estaban más convencidos que otros. Elvia –de grata recordación, se nos adelantó el 31 de mayo de 2003-, era la fuente de donde emergía la pasión que contagiaba y que obligaba a seguirla, su entrega y generosidad eran indescriptibles, esto nos arrastró a los demás, para llegar hasta el final.

Esto inspiró confianza en otras personas que igualmente se arriesgaron. Ese es el grupo que conformó la primera Junta Directiva, especialmente la Presidenta: Sra. María Isaura Sánchez, de grata recordación. Además, de los primeros cooperantes: un Proyecto de Naciones Unidas, que nos compró un programa de capacitación por más o menos $2.000.-, la Canadian Hunger Foundation, que nos donó $30,000.-. Así se desvanecieron las ideas de algunas personas que no creyeron en este sueño y que más bien pensaron que era una locura, posturas que en lugar de desmotivarnos, nos animaban y sólo nos hacían pensar que habíamos tocado la puerta equivocada.

Ante este testimonio de trabajo y constancia, la OEF Internacional positivamente sorprendida, pero como un reconocimiento al coraje del equipo local, nos aportó $18,000.- para financiar el inicio de la OEF de El Salvador. Estos $18,000.- fueron providenciales y medulares, para financiar los gastos fijos de la naciente organización, dándole el impulso y la base económica necesaria para concluir felizmente con su constitución legal. Pero más, todavía alcanzó para financiarle a la Directora Ejecutiva, un viaje a Europa donde promovería el levantamiento de fondos para proyectos específicos. Tres semanas duró ese viaje, el cual fue planeado con mucho cuidado, con citas previas, con contactos establecidos, etc. El esmero puesto en ese viaje y la bendición de Dios dieron sus frutos, trayendo en efectivo $5,000 como producto de donaciones de personas particulares y $50,000 como compromisos de instituciones. Durante doce años, la OEF mantuvo relaciones con un cooperante captado en dicho viaje: MISEREOR de Alemania.

De regreso de Europa pasamos por Washington, visitando a la OEF Internacional, comentándoles sobre esta aventura y dándoles la noticia de que el viaje fue una inversión. El personal de la OEF Internacional estaba impresionado, al punto de organizar un evento en la ciudad de Washington D.C, al que convocaron a Organizaciones de desarrollo, con sede en esta ciudad, para que compartiéramos nuestra experiencia, “ya casi nos sentíamos famosas”. Esto fue como la gotita que abrió la fuente y de allí siguieron llegando otros cooperantes, como el Banco Interamericano de Desarrollo; la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID); Trickle Up Program; la Secretaria Técnica de Financiamiento Externo (SETEFE); la Fundación Interamericana (FIA); el Fondo de la Iniciativa para las Américas (FIAES); la Organización Internacional del Trabajo (OIT); The Resource Foundation; entre otros. En esta fase, llegan a la OEF la Dra. Ildikó de Tesák y su esposo Don Pablo Tesák, como un verdadero milagro de DIOS. Don Pablito era un filántropo por naturaleza, quien estaba comprometido con hacer el bien y siempre se solidarizó con El Salvador y con las necesidades de las personas más vulnerables. Por su parte, la Dra. de Tesák es la Presidenta Honoraria de la Junta Directiva, su gestión ha hecho una franca diferencia en el desarrollo de la OEF. El trabajo con la niñez es uno de sus principales aportes.

Por otra parte, se conformó un equipo de profesionales comprometidos, como el mejor activo institucional; quienes han contribuido a que expandiéramos nuestros servicios, logrado el respeto y la confianza de las comunidades, prestigio frente a cooperantes nacionales e internacionales y un posicionamiento estratégico en el mercado. La tercera etapa en la vida de la OEF (2001-2016), inició cuando diversificamos las actividades generadoras de ingresos y se consolidó la estrategia de sostenibilidad técnica y financiera.

Actualmente, somos 76 empleados – 49 mujeres y 27 hombres-, de quienes el 41% es personal de base –que pertenece y vive en las comunidades donde trabajan- como una estrategia eficaz de desarrollo y de generación de empleo, conscientes de que “la base del desarrollo es el desarrollo de base”.El 35% del personal tiene más de 10 años de trabajo con la OEF y ha capitalizado experiencia en áreas afines con nuestra Misión. El Comité Ejecutivo está conformado por la Fundadora y Directora Ejecutiva, y el personal de coordinación de los diferentes ejes de trabajo. En este grupo de mujeres y hombres comprometidos con DIOS y con la población meta, se fundamenta el cumplimiento del slogan: “cambiando vidas y desarrollando comunidades”.

La capacitación del personal, ha sido una estrategia fundamental para el alcance de la sostenibilidad técnica de la OEF, tanto en el nivel local como internacional. En ese sentido, desde el 2009 a la fecha, 28 miembros de nuestro equipo han recibido una beca para capacitarse en Israel y todo el personal, ha participado cada año en algún evento. Acompañamos a 15,360 familias, en 6 de departamentos del país. Aunque ofrecemos crédito en 11 departamentos y cursos de formación profesional en todo el territorio nacional. Trabajamos en dos grandes ámbitos: el primero, orientado al desarrollo de las comunidades y el segundo, al fortalecimiento institucional. El ámbito de la promoción del desarrollo de las comunidades, tiene cuatro ejes: Apoyo a la Educación, Salud Preventiva y Curativa, Desarrollo Empresarial Comunitario e Incidencia Estratégica. En cuanto al Apoyo a la Educación, preparamos a las niñas y niños para que permanezcan en la Escuela y alejados de la violencia, formándolos en valores y previniendo el trabajo infantil. En Salud Preventiva y Curativa, educamos a las familias –principalmente, mujeres y adolescentes- para que prevengan y cuiden de su salud, nutrición y medio ambiente. Contamos con una Clínica Médica, en San Salvador, donde se brindan servicios de medicina biológica y cosmética, y pequeña cirugía. En cuanto al Desarrollo Empresarial Comunitario, apoyamos a las familias que carecen de garantías reales -66% mujeres-, para obtener crédito e iniciar una microempresa, lo que mejora sus ingresos y su empoderamiento. En 2015, dimos un salto, lanzando al mercado una ventanilla de canalización de créditos: CrediManá. En el eje de Incidencia Estratégica, sensibilizamos y promovemos la participación de la población, y trabajamos con las municipalidades, lo que fortalece la democracia de las bases salvadoreñas.

En el segundo ámbito –Fortalecimiento institucional-, generamos recursos que apalancan los proyectos sociales ejecutados en las comunidades, ya que contamos con la venta de servicios de formación profesional, capacitación y consultorías; el Complejo de Servicios “Don Pablito Tesák” –un Hotel con 34 habitaciones, un Restaurante y Salones para capacitaciones y eventos-, en San Vicente; tres Centros Fijos de Formación Profesional –San Vicente, Usulután y Chalatenango-; una Granja Escuela, en San Vicente; y un Proyecto de Bienes Raíces. Estas iniciativas económicas, han fortalecido nuestra capacidad de generación de recursos y actualmente generamos más del 35% del presupuesto, lo que nos permite cubrir algunos gastos administrativos, cumplir con la contrapartida requerida por los Cooperantes, apalancar los proyectos sociales que no cuentan con apoyo financiero y fortalecer las actividades generadoras de ingresos. Con todo esto, aún somos financieramente dependientes, de la cooperación externa. Por lo que, necesitamos de fondos libres para continuar potenciando las actividades generadoras de ingresos, por ejemplo, la compra, venta y arrendamiento de Bienes Inmuebles y poder, en el largo plazo, disponer de un capital de trabajo que nos permita generar mayores ingresos para las actividades sociales.

En efecto, durante estos 32 años de trabajo, hemos propiciado oportunidades, cambiado la vida de miles de familias y más de 100 comunidades. Reconociendo que el favor y respaldo de DIOS han estado siempre con nosotros y que la justeza de nuestra inspiración y propósito, más la administración transparente de los fondos y el acertado liderazgo de la Directora Ejecutiva, Licda. Emma Dinora Méndez, han contribuido a construir una organización sólida, al servicio de la población más vulnerable de El Salvador: MUJERES y NIÑEZ.